UNFV, Lima, Perú

PUERTO DE ULTRAMAR:

Emily Abregú Pascual, Edwin Angulo Quiroz, Pedro Espinoza Huaroto, Carla Gonzales Flores, David Pérez Garland, Yuri Sakata Gonzales, Juan Valle Quispe.

viernes, 4 de noviembre de 2011

"Las buenas ediciones y la literatura de calidad"

Por Pedro Espinoza


Entre los libros que adquirí en la última Feria Internacional del Libro de Lima (FIL). Uno de mis preferidos fue Diarios de naufragio (LOM Ediciones, 2010) del poeta Antonio Cisneros, debo confesar que fue un obsequio que recibí del stand de la Embajada de Chile después del recital donde estuvieron poetas chilenos (Raúl Zurita y Omar Lara) y peruanos (Antonio Cisneros y Arturo Corcuera). Muy agradable por cierto.

La singular edición se trataba de una antología que podría llamarse “de bolsillo”, puesto que el libro es pequeño y cómodo para llevarlo de un lugar a otro, aunque, personalmente, preferiría llamarlo “libro portátil”; no obstante, tras la emocionada recepción, debido a mi interés por la poesía de Antonio Cisneros, me encontré con una edición realmente decepcionante. Así, antes de mencionarla, me gustaría apuntar algunas observaciones sobre la importancia del cuidado de la edición y sus lectores.

En la actualidad, se pueden apreciar en las librerías ejemplares con un cuidado sorprendente: ediciones de tapa dura, blanda o gruesa; con marco, sin marco o con marco dorado; dibujos (que en ciertas ocasiones tiene alguna relación con la obra del autor promocionado); etc. Todos estos aspectos, pues, tienen un objetivo fundamental: atraer al lector mediante los detalles visuales. Es por ello que la edición debe ser producto de un trabajo minucioso y responsable ya que será a través de ésta que el lector emitirá un primer juicio sobre el profesionalismo y la experiencia de aquellas personas que están detrás de la obra literaria (aunque sean aspectos, en una primera instancia, extraliterarios). Hay que considerar, además, que últimamente las empresas editoras utilizan estas formas irresponsables de edición de libros con la intención de hacer más fácil la adquisición de los mismos, sin embargo, debemos considerar algunos aspectos imprescindibles, ya que considero que se debe tener un mínimo de respeto hacia los lectores, el autor y, principalmente, hacia la obra misma.

Justamente estos aspectos indispensables del libro son los que han sido olvidados en Diario de naufragio. Considero, en un primer punto, la carátula de la edición, donde se aprecia la foto del escritor Antonio Cisneros. A partir de ésta, podemos considerar la poca imaginación de los editores y sus ayudantes en tratar de buscar una imagen adecuada que, de alguna manera u otra, tenga una conexión con la obra del autor, puesto que solo se limitan a colocar la imagen de éste. Algunos me podrían catalogar de exagerado, pero en diversas ocasiones los libros los compramos no solo por el contenido de la obra que tenemos en mano, sino, también, por el cuidado de la edición. Son aspectos suntuarios que cualquier ser humano podría demandar. ¿Acaso no se ha dado la situación que al comentar un libro un libro, mencionemos también la edición o editorial especifica? Por tal motivo, la carátula del libro no da ningún indicio de despertar la curiosidad necesaria como para darle siquiera “una ojeada”.


En segundo lugar, sobre la presentación de los poemas y poemarios antalogados, el trabajo de clasificación y fijado es bastante bueno. Vemos, pues, que la selección, es correcta, no obstante, no podemos decir lo mismo sobre su presentación física. Decimos esto por la sencilla razón de que un poema debería estar presentado en una cara de la página y no dos o tres poemas, tal y como se da en el caso de Diarios de naugrafio, del poemario “Comentarios reales” de 1964:

Paracas
Desde temprano
Crece el agua entra la roja espada
De unas conchas
[…]

Que bajo estas arenas
Sembraron en mañana a nuestros padres
Pachacámac
Todavía la tierra entra mis dedos
Y esta dura paja, me entristecen.
[…]
(Pg. 39)

Podemos apreciar dos poemas contenidos en una sola cara del poemario cuando la presentación adecuada debió haberse realizado con Paracas en una hoja y Pachacámac, en otra.

Con esto, deseo expresar que la elaboración de la presentación los poemas y el libro en general es paupérrima y deja mucho que desear. Considero que es una falta de organización y dedicación ya que estos detalles no se aprecian en otras ediciones, como la realizada al mismo autor en el año 1996 por Editora Perú, Antonio Cisneros. Poesía Reunida (1962 – 1992), por ejemplo. Asimismo, a cada poema le corresponde una página y no más, ya que así estarían mostrando una mayor dedicación y respeto a la obra en sí. Otro ejemplo, digno de mencionarse, es el del poemario de Oswaldo Reynoso, Luzbel (Editorial San Marcos y Estruendomudo, 2010).

Otro punto a tomar en cuenta es la presentación de algunos versos que considero otra falta estética en la misma. Comenzaremos por el verso del poema Heimat Film del poemario “Monólogo de la Casta Susana y otros poemas” (1986):

Una vez aclarado que aquí están prohibidos los obreros
[y los oficinistas,
La trama (o argumento) es casi lo de menos.
Por ejemplo, una joven princesa (igual que Romy
[Schneider en las
Historias de Sissi) se enamora de un pobre (aunque
[valiente capitán
de cocaleros.
(Pg. 167)

Aquí los corchetes impiden una lectura lineal y armoniosa, además, del desorden que se puede apreciar en los versos. Esto es una muestra de las ganas de entregar una obra sin la más remota dedicación a la misma o la falta de profesionalismo, faltándole, así, el respeto al autor, a la obra y a sus lectores. Estos últimos, como su principal destinatario. Se debe, pues, evitar los corchetes en la poesía, se deben presentar los versos tal y como han sido fijados ya que sin esto no se puede dar una lectura fluida y una correcta apreciación de la misma debido  a su desorden formal. Así mismo, debo recalcar que estos errores se suman al segundo punto tratado líneas arriba.

He querido enfocarme en las elaboraciones de libro para un público lector que adquiere un ejemplar presentable y sustancioso. Dos nociones que deben ir de la mano en las editoriales para un adecuado trabajo. Sé que debería explayarme sobre la obra de Antonio Cisneros, ya que con el ejemplar mencionado dan a conocer el merecido reconocimiento al Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” 2010; sin embargo, dejaré aquella tarea para otro momento.

Para finalizar, solo debo agregar dos aspectos: el primero, se debe dar mayor importancia a los aspectos editoriales en cuanto son vitales para atraer a un público lector que, hoy por hoy, está inmerso en lecturas superficiales, interesado en las ediciones que desea adquirir; segundo, la elaboración de las ediciones deben ser respetuosas con la obra, autor y el lector, que vendría ser el mayor beneficiado. Todo esto está enmarcado por el gusto de adquirir ediciones respetables y presentar adecuadamente a la literatura de calidad.







jueves, 3 de noviembre de 2011

"Von" de Laura Rosales (Lima: Lustra editores, 2011)

Por Juan Valle


Con la aparición de Von, Laura Rosales viene a integrar una buena lista de poetas jóvenes (Wilver Moreno, Karina Valcárcel, Diego Lazarte, John Martínez, Mario Morquencho, etc.) que tras frecuentes presentaciones itinerantes llegaron a hacerse, unos en mayor medida que otros, de la empatía y seguimiento de un público más allá de los pequeños circuitos hasta llegar irremediablemente, debido a su trabajo constante y su perfil bajo, a captar la mirada de la crítica. Lo que a continuación presentaremos, será también una revisión de lo que creemos son  algunas de las ideas planteadas por la autora.

Yendo propiamente al poemario, se vislumbran en sus páginas la apuesta por una postura irreconciliable con la realidad, con ello, el hablante lírico va formando poco a poco un entramado de figuras e imágenes a lo largo de los poemas.

La estructura dividida en tres partes: “Estancias del ensueño”, “Jardín interior”  y” Patio de espejos”, nos muestra, en la sucesión de los poemas, una constante a cerca de la definición de sus posturas. En la primera parte,  los poemas tratan de ser manejados cada uno con un hilo conductor y sin tratar de perderse, pero a su vez contienen figuras sencillas  que no exigen difíciles vinculaciones referenciales, en “Contemplando una fotografía de F.A”: “Veo tu corazón componer música”; en “Chopin”: “montaña criptada por la niebla”; en “Ultramar”: “celebra junto al mar/ la libertad de las gaviotas” e  incluso poemas que revelan rápidamente su contenido como es el caso de  “Celdas: “y solo el deseo de la soledad/ de lamer el espíritu de los espejos […] todos nuestros yo atrapados/ en estas estructuras”. Los puntos a favor en este primer apartado son las entradas que brinda a través de los poemas-homenajes “Pizarnik”, “Chopin” y “Hokusai”, en ellos, no hay  sólo la evocación sino la intención de amoldarse a la perspectiva que se tiene de estos personajes enPizarnik”:  “porque vienes a mí/ por la senda equivocada/ de castillos destruidos/ muñecas degolladas/ y libélulas sordas; en “Chopin”: “!Luz de estruendo misterioso/ abre paso a lo negro!”; en “Hokusai”: “tintero triste/ ahogado/ en hermosura”; con estos poemas (solo una muestra) logra afianzar y dar por sentado la naturaleza de los poemas que seguirán ya que, como afirmamos en un primer momento, ésta  se alimenta en la necesidad de adherirse a planos que escapan a la realidad y lo racional para irse a una predominancia de los sentimientos, la introspección y el ensimismamiento. 

En “Jardín interior”, la segunda parte,  los poemas tienen por título el primer verso; en ellos, se logra revelar de mejor forma una actitud que podría ir más allá de las posturas que aparecen de forma inicial (que bien podría ser, por ejemplo, de género: “Beber de mi propia leche”)  para dar la sentencia de una actitud poética (“ser todo/lo que inventa/ mi mano”). Además, se nota un buen mantenimiento de las metáforas (“De niña me enamoré/ de un pájaro muerto”) a la vez que, a pesar de ser sencilla, muestra una mayor solidez a nivel estructural además de un inicio y final contundente. Hay una preferencia, en buena parte, por lo escueto, los versos, por ser cortos, son mejor trabajados, siendo esta brevedad en la que el yo lírico parece fluir con mayor naturalidad. A pesar de esto,  se presentan también algunos errores como  el de la ampliación empalagosa de los símiles que no termina de convencer (“como el espanto de los niños/ que no azulan sus caparazones,/ que no elevan sus brazos/ para tocar libélulas cantoras/ sobre el ventanal del mundo,/ sobre las sombras de  los hombres y los hombres”). Cabe resaltar, también, que como estructura hay una mayor apuesta por la forma, a través de la cual, a pesar de su variado registro, se observa una mayor preocupación por la construcción de ésta (basta  el ejemplo de la presencia de un poema en prosa). Así, mal que bien, este segmento del poemario exhibe una mejor y más elaborada construcción si lo comparamos con el resto del poemario.

El tercer y último apartado sería, entonces, una prolongación más afinada del segundo, aunque no por eso mejor lograda. En esta parte continuaría el interés por lo obnubilado, lo retraído, lo ensimismado que guía finalmente al hablante lírico (en el poema I: “Ella escala la aurora al descubierto/ Ella conoce los sonidos de las sombras […] (preferiría no tener ojos)”). Reafirmándose, así, lo evidenciado en poemas anteriores donde aparece un hablante lírico que prescinde de aspectos que puedan o deseen someterlo a la realidad, a lo corpóreo y a todo aquello que pueda traerle la idea de esto, siendo, así, rechazado y, más aún, tratado con escepticismo, tal y como es evidenciado en los poemas “XII”: “Al primer grito/comenzó mi silencio.”; en el poema “XIII”: “Tejo los agujeros de mi pecho/donde busco goce en la memoria.”; el poema  V: “Mi cuerpo es solo un cuerpo”; etc.

Finalizando, podríamos decir que el poemario de Laura Rosales plantea de por sí una mirada mucho más personal y definida gracias a las lecturas que se hacen evidentes en los primeros poemas. Su línea, despejada poco a poco a lo largo del poemario se enmarca en la definición de una actitud poética que apuesta por la interioridad y los espacios de la memoria sin valerse de figuras exacerbadas ni rimbombantes sino con un lenguaje sencillo y, por ello, más simpático y hasta enternecedor, lo que garantiza la expectativa de futuras publicaciones.






martes, 25 de octubre de 2011

Las "Playas" de Carlos Calderón Fajardo

Por Edwin Angulo


Con "Playas" (Borrador: 2010), Carlos Calderón Fajardo rompe el mito de que a mayor cantidad, menor calidad. Siendo el cuarto, de los últimos cinco libros que ha publicado en los últimos tres años, CCF se consolida como un narrador que además de una gran capacidad estética es capaz de abordar con la misma maestría historias que pueden ir desde lo fantástico hasta lo más cotidiano.

Desde el plano formal, Playas, se encuentra conformado por 33 cuentos divididos en dos títulos menores, el primero, “Del mar cercano”, agrupa los primeros 15 y, el segundo, “La playa de la familia de Mussolini”, los otros 18.  Sin embargo, a partir del contenido, cada parte podría conformar fácilmente una publicación independiente, esto en cuanto si bien todos los cuentos remiten de cierta forma al mar o alguna playa, cada parte responde a un mecanismo distinto de desarrollo. La primera, se articula básicamente mediante mecanismos de referencia interna al mismo relato. La segunda, mediante mecanismos de referencia externa, intertextual.

“Del mar cercano” nos remite espacialmente a algún escenario de la costa peruana siendo casos excepcionales los de “Besos en la oscuridad” o “La playa del Ángel del ladrillo” en donde el mar, no obstante, obedece a una referencia conceptual. La articulación de los textos, empero, no obedece ni única ni esencialmente  a estas referencias. Los textos, por el contrario, se entrelazan mediante cuatro tópicos básicos: 1) la extrañeza o el extrañamiento del escenario, 2) el mar como una reminiscencia de la naturaleza como portadora de un orden mayor y enigmático, 3) la playa como un espacio capaz de romper con el mundo moderno y 4) la mujer hermosa como una manifestación natural de la naturaleza del mar. Siendo estas cuatro, no necesariamente dependientes ni excluyentes.

En “Una rusa en Punta Hermosa”, por ejemplo, se puede observar cómo lo fantástico se inserta a partir de un escenario anómalo, una playa invernal en verano. Si una playa en verano remite a la felicidad y una playa en invierno a la tristeza ¿A qué remite una playa con un clima intempestivamente anómalo? En el relato, será el escenario perfecto para un evento extraordinario, en este caso, el envejecimiento acelerado de Camacho Gamero. Este mismo relato, además, evidenciará, mediante la figura de la joven novia de Camacho Gamero, Sonia, cierta relación entre la fatalidad que encierra dentro sí, para el hombre, la mujer bella y el mar, en este caso, una mujer sin pasado, complaciente, bella, pero al mismo tiempo, (auto) destructiva:

A Sonia la adoro porque no me reclama nada. Jamás me insulta ni me grita. Ni me pide explicaciones especialmente de cómo manejo mi dinero. Evita referirse a cosas ocurridas en el pasado. Es un ser libre de recuerdos y no desea nada. No conoce el ansia, la envidia ni los celos. Su única verdad es que está ahí en mi casa, borracha.

En “Punta Negra”, la trama central será la confrontación entre la imagen del narrador y su esposa, Hortensia, quienes, a pesar de compartir una vida tranquila en su casa de playa, tendrán concepciones, estilos y ritmos de vida totalmente distintos:

Si bien soy un hombre tranquilo, Hortensia, en cambio, no se me parecía en nada. Fue campeona de atletismo en el colegio. No paraba de moverse un solo instante; limpiando, pasándole el plumero a los muebles que en la playa se llenan constantemente de polvo, igual que los pisos que se cubren de arenilla, porque la casa está en medio del desierto, y a los suelos y paredes los corroe la brisa, la sal.

Él, un tardío sujeto romántico, ella, un típico sujeto moderno. A partir de esta oposición se construye un dualismo armónico, en el que la playa tratará de filtrarse para consumirlos dentro de sí misma, como la arena que corroe la casa y contra la que Hortensia librará una constante y silenciosa batalla. No obstante, esta armonía será destruida a partir de su muerte en el mar, muerte terrible en la que además desaparecerá su cuerpo. Este hecho tiene un trasfondo enorme si partimos de que una muerte que no pasa por el ritual del funeral y el entierro es arrastrada de forma constante por aquellos que le fueron cercanos en cuanto no podrán asimilar la desaparición de la persona manteniéndola en un espacio indeterminado que Zizek denomina entre dos muertes, que no es sino la reminiscencia constante de la persona desaparecida dentro de la realidad de los otros, una presencia atormentadora en cuanto no ha sido librada de la cadena causal del mundo de los vivos.  Siendo, en el relato, el mar o la playa, la fuerza misteriosa que determinará la desaparición del cuerpo y el responsable de la instauración de un espacio extraño e incierto.

En Playa ballena nos encontramos con la historia de dos escritores, uno, de culto, casi desconocido; el otro, famoso, “la vedette de una importante editorial catalana”. Dos historias que aunque tienen un origen común (chilenos discípulos de José Donoso que viven en París) se desarrollarán de forma paralela, hasta el momento en que, muchos años después, el autor de culto restablezca la comunicación con el famoso con la intención de obsequiarle su última publicación. Ambos se mostrarán entusiasmados con un posible reencuentro y con la idea de retomar su amistad, no obstante, tras la llegada del escritor famoso a Chile, que es donde reside el escritor de culto, el encuentro no se producirá nunca, pues el escritor de culto se tornará inubicable ya que tan solo enviará al otro un e-mail indicándole que no se encontraba en Santiago sino en una playa de Tumbes en Perú llamada Playa Ballena. Playa Ballena emergerá entonces como la proyección de un espacio atormentador, en una primera instancia, para el escritor de culto, razón por la cual decidirá viajar a ella y comprobar la presencia de su amigo.

Es a partir de este momento que el relato comenzará a cobrar una dimensión inesperada. Playa Ballena se encontrará más allá de las preocupaciones del mundo moderno, aparecerá, más bien, como un espacio que lo trasciende en cuanto será un espacio de conciliación. El autor encontrará su respuesta:

Entonces Jamilia cogió su mochila y sacó un libro. Ante los ojos estupefactos del autor de culto en Chile, ella le mostró uno de los libros del escritor chileno consagrado en Europa. Estaba en Playa Ballena, como le dijo por el correo electrónico, pero en forma de un libro suyo. Un libro de cuentos; en uno de ellos el escritor célebre mencionaba Playa Ballena.

Y la realidad y la ficción parecerán romper sus límites conciliándose en ese pequeño espacio: “La playa donde se dirigía era el lugar donde el mar había varado el cadáver de Moby Dick”. No obstante, detrás de todo este discurso conciliador, emergerá una reflexión mayor, particular y única dentro del resto del corpus de cuentos, la reflexión acerca de la creación literaria. ¿Qué es la creación para un creador y cuál es su relación con la vida? Detrás de las contingencias del encuentro, desencuentro y reencuentro de ambos escritores, el relato cobrará una especial significación a partir de los cuestionamientos del autor de culto hacia la literatura misma pues esta “no hacía mejores seres humanos a las personas”.

La relación entre la literatura y la vida se encontrará en la belleza de la ejecución de la vida, la literatura encerrada en sí misma, ya sea para una lectura masiva o de culto, no tendrá sentido alejada de la práctica misma de vivir. Esto será lo que descubrirá el autor de culto tras comprender el posible mensaje cifrado de su amigo, quien no tendrá vida más allá de su creación, de allí que sea su libro y no él quién estará en la playa. El autor de culto encontrará en Playa Ballena, alejado del mundo moderno, la relación entre la ficción y la realidad.

La segunda parte, “La playa de la familia de Mussolini”, como se mencionó anteriormente, responde a un mecanismo de lectura toralmente distinto al de la primera. En ésta, los relatos tendrán su origen o, mejor dicho, su fundamento, en su relación con algún otro texto o un narrador. No obstante, esta relación de intertextualidad, generalmente, no deviene en una relación de dependencia absoluta, es decir, que no siempre resulta necesario conocer el texto aludido para poder disfrutar o comprender el relato.

A partir de la forma en como se desarrollan los relatos se pueden clasificar en dos tipos, por un lado aquellos que de forma directa desarrollan la intertextualidad y por otro, aquellos que, a manera de “nota de autor”, ambientan o problematizan el relato antes de desarrollarlo, aunque, obviamente, esta nota integra en sí misma el desarrollo del cuento.

Así, en “La playa de Lee Smith nos encontramos con un texto de desarrollo directo en el que, no obstante, nos encontramos con la representación de un evento inicialmente cotidiano de la vida de la narradora Lee Smith, de la cual, incluso, nos enteramos a partir de un pie de página en el titulo, que cobra inesperadamente una dimensión fantástica a partir de las palabras que dirá Lee a su hija cuando esta le pregunte la razón de su desmayo tras ver un arcoíris: “Fui a su encuentro, por supuesto”.

En “La playa de los hijos de Mussolini”, en cambio, el relato tiene como preámbulo una amplia, en función de la extensión del cuento, problematización del desarrollo de la historia a contarse: ¿Por qué Truman Capote en su texto “Ischia” desarrolla una historia o ensayo (el género del relato es parte de la problematización) en función de la mucama, Gioconda, y no a la experiencia que pasa con la familia del “Duce”? Cuestión que será respondida a partir del relato; mecanismo que será constante en los textos con preámbulo del narrador.

Finalmente, en “La playa de los Emos”, nos encontramos con un texto de desarrollo directo en el que se nos muestra como un evento cotidiano puede ir transformándose en uno extraordinario en base a la progresiva confluencia de personajes que irán generando una cierta sensación de extrañamiento del escenario, mecanismo propio de la primera parte, que, no obstante, terminará justificando su inclusión en la segunda a partir de la aparición en escena, esta vez como un cadáver, del narrador de literatura fantástica, J. G. Ballard ¿Tendrá la estructura del texto alguna relación con algún relato o el estilo del autor fallecido?

Con Playas, pues, nos encontramos con la obra de un narrador consolidado y que, hace rato, integra ya la lista de narradores peruanos más importantes de las últimas décadas. Así, el desarrollo del mismo, nos ofrece un exquisito recorrido por las diferentes tendencias literarias que es capaz de abordar CCF, del que esperamos nos sigan llegando muchas más “Playas”.






*Recomiendo particularmente la siguiente reseña, también de "Playas":


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Presentación del tercer número de la revista EGO/ísmo

Por Emily Abregu


La presentación del tercer numero de la revista EGO/ísmo se llevo acabo el día nueve del presente mes en las instalaciones de la Casa de la Literatura (CASLIT) con la participación de Jhon López y Max Pinedo (colaboradores y miembros de la revista, autodenominados EGOístas) Armando Alzamora (fundador de la mencionada revista) y Edwin Angulo miembro de la agrupación literaria Puerto de Ultramar quienes fueron los responsables de organizar dicho evento.

Las primeras palabras estuvieron a cargo de Edwin Angulo quien explicó cómo es que se dio su participación en la revista y la forma en cómo es que su texto llegó a convertirse en el segundo manifiesto EGOísta sin haber firmado el manifiesto oficial ni pertenecer al grupo.

Jhon López fue quien continuó con la presentación, pero, las palabras ya no estarían dirigidas al porqué de la línea estética de EGO/ismo sino, al nacimiento mismo de movimiento. EGO/ismo, para sorpresa de muchos (incluyéndome) no fue creada en Lima sino en Chiclayo después de un concurso de poesía y luego de quemar en la plaza pública de dicha ciudad un libro de autoayuda de Paulo Coelho, este hecho, fue en nombre de la desacreditación que dichos libros causan a la literatura; además de ello, López se atrevió a leer uno de sus escritos después de que  los dos miembros restantes de la mesa hicieran lo mismo.

Continuando la presentación, Max Pinedo, decidió narrar algunos de sus textos. Leyó, así, el cuento “La Combi” provocando uno de los momentos más amenos de la noche, tratando de demostrar que la literatura no solo puede ser presentada en un lenguaje sobrio y culto sino también con algo de jocosidad y, porque no, en un lenguaje coloquial, en circunstancias tan comunes como es un viaje en la combi.

La culminación de la presentación estuvo a cargo de Armando Alzamora y Melissa Olivares. Armando, decidió narrar uno de sus textos publicados en EGO/ísmo 3, “La casa”, no sin antes tratar de situar a los presentes en el contexto de sus escritos y aclarar algunos aspectos importantes de la línea estética que busca seguir el movimiento EGOísta, palabras que, a grandes rasgos, quedan resumidas en el siguiente comunicado extraído de su cuenta de facebook personal:

La Revista EGO/ísmo se propone hacer un frente al estereotipo que impone el mercado global, el poscolonialismo y la reproducción técnica en el arte. Así mismo, fieles a nuestra línea editorial, queremos rescatar y difundir las nuevas propuestas estético-ideológicas del ámbito latinoamericano que se declaren en guerra contra esa ''gangrena''.
El egoísmo no se define como una escuela literaria o artística, sino, más bien, como una ética y un estado espiritual que han de asumir los artistas para salvaguardar e imponer su propia individualidad, pese a la incomprensión.[1]

Así, finalmente, Melissa Olivares, colaboradora del número tres de la revista, leyó y explicó acerca de su propuesta poética a través de su poema “Logan”, inspirado en el personaje homónimo de la serie X-men.





*Más información a través de movimiento.egoista@gmail.com





[1] Publicado en http://www.facebook.com/note.php?note_id=210519679012026

martes, 13 de septiembre de 2011

Primer recital poético narrativo Interuniversitario "Ínsulas Extrañas"

Participan: 
- Grupo Afasia (UARM)
- Txt (PUCP)
- Textura (UNMSM)
- Puerto de Ultramar (UNFV)

Fechas:  
- 15 y 16 de setiembre.

Hora: 
- 3:30 a 6:00pm.

Lugar:
- Auditorio de la Casa de la Literatura Peruana (CASLIT)
  Antigua estación de Desamparados. Jr. Ancash 207, Centro histórico de Lima.

Comentan:
- Carlos Calderón Fajardo y Domingo de Ramos (15 de set.)
- Cronwell Jara Jiménez (16 de set.)

Organiza: 
- Grupo de difusión, crítica y desarrollo cultural Puerto de Ultramar.

Están todos cordialmente invitados. Durante los días del recital podrán adquirir también la plaqueta correspondiente a las memorias del recital.

Atte. Puerto de Ultramar



martes, 6 de septiembre de 2011

Presentación del tercer número de "EGO/ísmo"

Este viernes 9 de setiembre a las 4:00pm estaremos presentando en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana (CASLIT) el tercer número de la revista literaria EGO/ísmo.

Comentan:

- Armando Alzamora.

- John López.

- Max Pinedo.

- Edwin Angulo.


Están todos cordialmente invitados.


Puerto de Ultramar




sábado, 3 de septiembre de 2011

“EL viaje que nunca termina (La verdadera historia de Sarah Ellen)" de Carlos Calderón Fajardo

Por Edwin Angulo


Cuando Carlos Calderón Fajardo me preguntó qué libro me gustaría de obsequio, no supe que responder, así que, conociendo su increíble fascinación y amor por el mar, solo atiné a responder “me encantó Juventud de Conrad”. Obviamente, al tomar conciencia de mis palabras, me sentí tonto por no haber respondido simplemente “Playas”, no obstante, ese sentimiento se transformó en incertidumbre al recibir de las manos del gran narrador El viaje que nunca termina (La verdadera historia de Sarah Ellen)(Altazor, 2010). “¿Por qué no me dio Playas?” pensé, sin imaginar la increíble lectura que me esperaba y de la que daré fe en este texto, tan informal como sincero, porque no se me ocurre otra forma de hablar de este libro; emocionante y conmovedor como solo son las obras de un autor maduro y talentoso.

La novela, no trata sobre la historia de la Sarah Ellen “real” (biológica), sino, de la Sarah Ellen que vive y existe hasta hoy como leyenda, como santa y vampira. Calderón Fajardo, así, lejos de mostrar una novela dogmáticamente gótica, incursiona en la “verdadera historia” de una leyenda urbana imposible de corroborar, a partir de una narración increíblemente humana y psicológica en la que los parámetros ficcionales serán llevados a extremos de increíble verosimilitud.

No obstante, el narrador, en todo momento heterodiegético, jamás se adentrará en la mente o los pensamientos de Sarah, manteniendo, así, durante todo el relato, cierta aura de magia y misterio. A ella, sólo se le conocerá a través de la mirada de sus dos acompañantes: su esposo, John P. Roberts, y el capitán del velero español que los conducirá en su interminable viaje, Diego Álvarez. Para Jhon, Sarah solo será una mujer, una niña eterna, una víctima de un mundo que empieza a cambiar a costa de la desaparición de todos aquellos que poseen un alma sensible. Para Diego, como buen capitán y buen católico, Sarah, será su protegida; primero por ser su pasajera, y luego, además, por sus rasgos mágicos y divinos: por momentos, santa, por momentos, vampira. No es casualidad, pues, que estas dos miradas sean las elegidas para dar a conocer la “verdadera historia” de Sarah, la mujer-vampira/santa.

Conforme transcurra el relato, ambos personajes, John y Diego, se irán sometiendo progresivamente a la voluntad de Sarah. John, que empezará el viaje con la conciencia de seguir únicamente el capricho de su esposa, terminará sumergiéndose en la realidad que ella irá creando. Diego, ajeno e indiferente a cualquier asunto de sus tripulantes, irá sintiendo progresivamente temor y reverencia por Sarah.

Pero no son el misterio gótico, la divinidad de una santa o el amor de dos esposos los móviles de esta historia. Ninguno de estos, por separado, podría dar testimonio de ésta, El viaje que nunca termina es, explícitamente, y valga la redundancia, la historia de un viaje, una épica aventura hacia lo desconocido, donde el azar y/o el destino irá(n) creando las situaciones y eventos  necesarios para terminar convirtiendo al mar en su único escenario y alegoría, un viaje eterno: mar agua, mar desierto, mar infinito, infinito viaje, infinitos náufragos, infinita vida, infinita muerte.

Hombre y naturaleza finalmente parecen ser los elementos bases del relato: “hombre vs naturaleza” y “hombre y naturaleza”. Sarah, la vampira, será un síntoma de esta oposición – conjunción:

Y ahí estaba Sarah en un remoto paraje del mundo, en un océano lejano al suyo, luchando en el medio del viejo combate entre la vida y la muerte. El escenario no podía ser otro que el mar. Era un combate entre naves fantasmas, una obsesión, una lucha inútil en el que la naturaleza terminaría imponiéndose. Pero el amor estaba allí porque en el peor de los vampiros hay oculto un ser humano sufriente. La sed de sangre es su única manera de entender el amor. Y Sarah deambulaba por el Estrella del mar y nada podía impedir que su cuello y sus brazos ondulen al asomar por entre las mangas y los encajes de su camisa holgada.
Pero, qué complicado se presentaba todo, al mismo tiempo, Sarah pertenecía a otro mundo que también moría a cada instante, mundo en continuo progreso que era el europeo donde la soledad era mayor que en ninguna otra parte (Pg. 90)

El final del viaje, entonces, nunca llegará, los desiertos de Ica serán  finalmente otro mar, uno de arena, cargado de tanta vida y muerte como el mar de agua salada. Sarah llegará tan solo a empezar una nueva etapa, un vampiro Irlandés en la costa peruana, un llamado del destino y un tránsito hacia la inmortalidad.

La segunda parte de la novela, a manera de epílogo, nos hablará sobre los últimos días de John en Ica, donde finalmente morirá, algún tiempo después que Sarah. La tercera, en cambio, dará un giro radical al texto. El tercer capítulo titulado “La vampiro que hace milagros” dará razón detallada del fenómeno Sarah Ellen desatado durante la década de los noventas producto de los ochenta años de su muerte (tiempo en que, según sus últimas palabras, le tocaría volver de entre los muertos) en función del momento político-social que se vivía en el país. Esta parte, semejante a un ensayo científico sociológico, completará el tránsito de “La verdadera historia de Sarah Ellen” a través de su instauración dentro del imaginario popular peruano y su legitimidad como leyenda urbana, como una explicación y justificación de lo que es y debe ser “real”.

Comprendo, ahora, que no fue casual que el autor me obsequiara El viaje que nunca termina… como respuesta al comentario que hice sobre Juventud de Joseph Conrad, sino que pensó en darme la mejor respuesta; un libro ideal para colmar y sobrepasar las expectativas de todos aquellos que andamos buscando una historia épica de contenido profundo, misterioso y humano.

Carlos Calderón Fajardo, en esta novela, pequeña en términos físicos pero inmensa en términos estéticos, da muestra, una vez más, de lo que es ser un verdadero narrador; un artista del lenguaje en el que lo social se desprende de forma autónoma en sus palabras, un creador de ficciones capaces no solo de representar la realidad sino de re-crearla, re-convertirla y transformarla, estableciendo, quien sabe, nuevos parámetros de verdad pues “realidad es también lo que forma parte del imaginario colectivo como artístico” (Pg. 108).

No me sorprendería, pues, que de aquí a un tiempo, cuando alguna persona quiera conocer quién fue y es Sarah Ellen, ya sea con fines estéticos, científicos, o mágicos termine leyendo, El viaje que nunca termina (La verdadera historia de Sarah Ellen).